Arde por fuera. Duele por dentro.
No solo arden los árboles.
Arden los refugios.
Los nidos.
Los hogares.
Y duele como si el fuego encontrara también un lugar dentro de nosotros.
Los incendios no solo arrasan bosques. También dejan un vacío difícil de explicar en quienes amamos la naturaleza.
Esta ilustración nace de esa impotencia, de ese dolor silencioso al ver cómo desaparecen hogares, vidas y paisajes que nunca deberían convertirse en ceniza.





